Presentación

Historia

Rutas

Flora

Fauna

Galeria

Curiosidades

Sierra de Guadarrama

Presentación

Panorámica sierra con pico de Peñalara Panorámica de la sierra con pico de Peñalara al fondo

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama se alza en la parte oriental del Sistema Central, una cadena montañosa que cruza de este a oeste el corazón de la Península Ibérica. Compartido por Castilla y León y Madrid, tiene una superficie de 33.960 hectáreas, de las que casi veintiún mil se localizan en la vertiente madrileña, y algo más de doce mil en la provincia de Segovia. Se trata del quinto parque más extenso de la Red de Parques Nacionales, declarado en junio de 2013. Sus límites protegen cumbres, puertos y collados con altitudes que superan los 2.000 metros, y alberga una muestra de ecosistemas de alta montaña mediterránea en el interior peninsular. Es un parque muy próximo a las ciudades de Segovia y Madrid, por lo que la huella humana tiene en la Sierra una especial relevancia.

En el Parque, la roca es la protagonista: gneis, granito, pizarra y cuarcita, en forma de canchales, piedras caballeras, tolmos, domos, agujas y paredes: en el berrocal granítico de La Pedriza, y en la cumbre de Peñalara, la máxima altitud de Guadarrama, con 2.430 metros de altitud.




Mariposa Isabelina macho Mariposa Isabelina macho

Ambas vertientes del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y su zona periférica han sido merecedoras de la declaración de Zonas de Especial Protección para las Aves. Una de las especies más abundantes y emblemáticas es el buitre negro, la mayor rapaz de Europa, que tiene en España las mejores poblaciones del mundo, con colonias en el Alto Valle del Lozoya en la Comunidad de Madrid y en los Valles de los ríos Moros, Eresma, Pirón y Cega en la Comunidad de Castilla y León. Se trata de una especie catalogada a nivel nacional como vulnerable, de hábitos carroñeros y estrictamente forestal, que sitúa sus nidos en la copa de los árboles.

La mariposa Isabelina, es una especie emblemática en la entomología española. Un insecto nocturno descubierto en 1848 por el botánico, médico y zoólogo Mariano de la Paz Graells, que fue director del Gabinete de Historia Natural y del Jardín Botánico de Madrid. Según cuenta la historia, se descubrió en la Sierra de Guadarrama. Graells regaló el primer ejemplar a la reina Isabel II para lucirlo en su vestido en un acto oficial. La especie fue rebautizada como Graellsia isabelae, en recuerdo del naturalista, y. actualmente su nombre científico es Actias isabelae.


LA REINTRODUCCIÓN DE LA CABRA MONTES

Existe constancia de la presencia de Cabra Montés en estas montañas desde el Paleolítico, hace 65 millones de años. A finales del siglo XIX y principios del XX, la especie sufría un serio declive en el centro peninsular, y sólo estaba presente en las sierras de Gredos y Béjar. En Somosierra y La Pedriza la desaparición tuvo lugar a principios del siglo XIX, y estuvo ligada a las guerras Napoleónicas. La última cabra autóctona fue abatida por un cazador en los años 80 del siglo XIX en el valle de Lozoya.

Hoy día, la Cabra Montés ha regresado a la sierra de Guadarrama. En 1990, se inició un proyecto de reintroducción en La Pedriza madrileña con ejemplares procedentes de la sierra de Gredos, y la Fundación José María Blanc. En la parte segoviana, se produjo entre 2000 y 2002, con cabras procedentes de las reservas de caza de Gredos, Las Batuecas y Riaño. Debido a la adaptación al terreno y la falta de depredadores naturales, junto con la disponibilidad de alimento y una elevada tasa de reproducción, las reintroducciones fueron un éxito, y hoy es sencillo ver grandes grupos de cabras en los riscos de toda la sierra. El control de sus poblaciones es un objetivo primordial para los gestores del Parque Nacional.


Pino Silvestre Pino Silvestre

El aprovechamiento de la leña en esta sierra es un derecho tradicional que se remonta a la Edad Media. Los gabarreros eran leñadores que limpiaban el bosque de ramas secas, árboles caídos, troncos muertos y restos de árboles talados. El nombre de la profesión, la gabarrería, se debe al tipo de hacha con la que trabajaban, llamada gabarrera. Transportaban la madera con ayuda de burros, mulas, caballos o carros tirados por bueyes. La leña se vendía para consumo doméstico, y en casos como los gabarreros de Valsaín, el destino era la Fábrica de Vidrio de La Granja o la Fábrica de Loza de Segovia. Los gabarreros mantenían el bosque limpio, evitando plagas y reduciendo el riesgo de incendio. Durante la posguerra, éste oficio fue la forma de sobrevivir en la sierra. Hoy está prácticamente extinguido.

En el oficio de carbonero, conocido también como fabriquero, se elaboraba carbón vegetal a partir de leña de roble. Se transportaba en carros a los pueblos y ciudades de Segovia y Madrid, donde se utilizaba como combustible para estufas, braseros o industrias. Esta actividad se desarrolló en la Sierra de Guadarrama hasta mediados del siglo XX, y fue el más intensivo de todos los usos tradicionales en los montes, lo que produjo la sobreexplotación de numerosos robledales.


Tras unos tímidos esfuerzos repobladores, entre los años 40 y 70 del siglo XX, se reforesta la sierra. Esta historia forestal puede pasar desapercibida al visitante actual, pero existe abundante documentación gráfica que testimonia que es otra sierra la que disfrutaron nuestros abuelos.

Puesto de Malagosto Puesto de Malagosto

Las alturas de la Sierra de Guadarrama siempre fueron estratégicas para sus primeros pobladores. Se conservan restos de calzadas romanas y puentes, que atestiguan la importancia ancestral de estos pasos de montaña. Al comienzo de la Reconquista, el Sistema Central constituyó un territorio fronterizo, escenario frecuente de pugnas entre cristianos y musulmanes. En el siglo XIV, el “Libro de la Montería” de Alfonso XI, menciona por primera vez esta sierra, en relación con la caza mayor. Desde entonces, la actividad cinegética impulsó a los reyes a construir casas de campo y palacios de recreo en la zona: Valsaín, El Escorial, La Granja o Riofrío, han aportado patrimonio artístico al entorno serrano. El siglo XVIII trajo mejoras en las comunicaciones entre las dos vertientes, con los trazados del puerto de Guadarrama y Navacerrada. La sierra fue escenario bélico clave en la Guerra de la Independencia y la Guerra Civil Española.



Desde la Edad Media, aparecen citas de la sierra de Guadarrama en las obras literarias de grandes escritores españoles. En el siglo XIV encontramos el primer texto literario que cita la sierra, El Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita. Menciona el Puerto de Malagosto como lugar de encuentro entre el autor y “La Chata”, una serrana que reclamaba el tributo de paso por el puerto que unía la parte madrileña con la segoviana.

Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza fueron los precursores del nacimiento de la Generación del 98. Entre ellos, el poeta Enrique de Mesa, que escribió Tierra y alma, una serie corta de impresiones de la sierra del Guadarrama, y El Silencio de la Cartuja, un poemario publicado en 1916, fruto de sus retiros en la celda del archivero de la Cartuja de El Paular. Antonio Machado en su obra “Campos de Castilla”, retrata la sierra gracias a sus frecuentes viajes en ferrocarril entre Segovia y Madrid. Para Azorín, el paisaje de Guadarrama tuvo gran influencia.

El siglo XX, reunió a intelectuales, naturalistas, científicos, humanistas, artistas, profesores y montañeros para fomentar su conocimiento. En 1923, la Sociedad de Alpinismo de Peñalara solicitó por vez primera la creación del Parque Nacional, y hasta su declaración en 2013, ha pasado por diferentes figuras de protección. En el proceso, oficios tradicionales ya perdidos, han dado paso a las actuales ganadería extensiva, gestión forestal, y a un turismo en auge.